sábado, marzo 24, 2007

Se me sale el fanatismo

Si hay algo de lo que realmente me siento orgullosa y agradecida es de haber tenido la oportunidad de estudiar en la universidad en la que estudié. Es cierto que llegué por descarte y hubieron bastantes baches en el camino, pero absolutamente todo pasa por algo.


En los últimos años de secundaria, mi papá inició el pressing para que decidiera una carrera universitaria. Yo lo tenía en mente, pero no era una preocupación inmediata. Su sueño inicial fue que estudiara medicina o que fuera empresaria, lo que a estas alturas creo fue lo que él quiso ser en realidad.

La primera alternativa estaba un poco muy lejos de la realidad. No tenía la menor intención de quedarme 10 años estudiando una carrera en San Marcos, que imagino hubiera sido el lugar, y la sola idea de mancharme de sangre u otros fluidos corporales me resultaba sumamente desagradable. La segunda era algo más probable. Mi madre es economista y yo recordaba mucho su época como gerente de marketing de una marca de avena. Por lo menos tenía claro que me gustaban las oficinas lindas.

“Ser empresario” es un término muy amplio, pero mi padre lo redujo a estudiar economía o administración. Allí se presentó otro problema. Luego de haber pasado todos mis veranos de secundaria en cursos de matemática, completamente en contra de mi voluntad, no tenía la menor intención de volver a verlos, ni mucho menos dedicarme a ellos, en lo que me quedaba de vida.

Los test vocacionales del colegio coincidían con las macabras intenciones de mi padre, dado que si bien los números no me gustaban, no era para nada mala en ese campo. Gracias a Dios, mi razonamiento matemático iba bastante parejo con el verbal y los resultados arrojaron también la posibilidad de dedicarse a las letras. Las palabras textuales de la psicóloga fueron: “Puedes estudiar lo que tú quieras”. El detalle era que yo no tenía la menor idea de lo que quería.

Una gran indecisión y un universo de buenas opciones. Ahora que lo pienso, fue el inicio de una era, jajaja.

Otro de los puntos por resolver era dónde estudiaría la primogénita. A lo largo de mi crecimiento, papá desarrolló la obsesión por las universidades. Recuerdo que desde los 10 años encontraba en mi casa prospectos y folletos informativos. Entonces estaba entrenada: estudiara lo que estudiara, mis opciones eran Católica, Pacífico y Lima. ¿Qué significaba eso? No lo sabía.

Hacia 1994 apareció la UPC, y papá se interesó en ella. Conocí el campus cuando solo existía la caseta de admisión, porque el lugar en el que me atendieron no era una oficina por ningún lado y estaba rodeado de un terral en construcción. No recuerdo qué carreras tenían entonces, pero me llamó la atención un encarte que decía “Comunicaciones: periodismo y publicidad”. Si pues, esas carreras también habían aparecido en el informe del test vocacional.

Decidí darle largas al asunto y para diciembre de 2005 mis intenciones eran pasar el verano tomando sol para iniciar con fuerza el ciclo de alguna pre o academia en marzo/abril de 2006. Ilusa yo!

El 3 de enero empezaron mis clases en Pamer. Fui por cumplir, no me quedaba de otra. Tenía 15 años y se supone que todavía debía obedecer a mis padres. Pero en ningún momento paso por mi cabeza la idea de postular ese verano. Ilusa otra vez!

Hacia febrero mi papá, ahora secundado por mamá, me presentó las fechas de inscripción. Estaba muy enojada y luego de una fuerte discusión dije “Bueno pues, si quieres que postule ahora, daré el examen de Católica, pero francamente no creo que la haga. Si quieres pagar el examen por las puras, es tu decisión”

Me inscribí con la idea de postular a administración, pero ¡sorpresa, sorpresa! en la ficha aparecía la nueva facultad de ciencias y artes de la comunicación, que además de publicidad y periodismo, tenía audiovisuales, desarrollo y artes escénicas. Marqué Publicidad.

Por esas cosas del destino, ingresé y desde entonces empecé a vivir la experiencia PUCP.

Hoy, once años después de aquel episodio, mi universidad cumple 90 años y me sorprendió con una nueva web y un casa abierta la próxima semana.


Se celebra el aniversario y se aplaude la renovación.

Feliz Día PUCP!!!

lunes, marzo 19, 2007

Q tal tu día hoy?
(del 11 de marzo de 2007)

malevolady dice:
chamba temprano
bueno,
cuando recuperé la conciencia
y ordené mi cuarto
como quien ordena un poco su vida.

sola en la oficina, otra vez
avanzando y avanzando
pensando en unos comentarios
retumbando en la cabeza

luego una llamada
"me suenan las tripas"
subí a Avalon
y estaba tan tibio como siempre

las brujas nuevamente en casa
fuimos a comer
en grande
como siempre
era la celebración
nuestra celebración
la real, la privada

primera parada news café
fin de fiesta: maminos
nos pusimos al día
anécdotas de buque
balances y alferez
aventuras en puertos
y viajes estratégicos
(...)

una partecita de mi
se siente completa de nuevo
tenía cosas que me estaban ahogando
y que nadie más entiende

generalmente eso pasa con mis amigos
todos entienden una partecita distinta de mi

además me conoce tan bien
me sacó tantas cosas
sin que siquiera las dijera
(o las pensara)

pero aun me falta ver a mi otro confesor

este mes es una vaina
en diciembre todo el mundo se fue
y en marzo todos están de vuelta

a "ponerse al día"

literalmente enero y febrero fueron vacaciones
ahora empieza la "vida real"

martes, marzo 06, 2007

Quiero un fin de semana en Lima

Socorro!!!! Me han visto cara de encomienda.

Es que durante los dos últimos fines de semana, que coincidieron con las vacaciones del novio, Romy fue despachada cual paquetito a Piura y a Iquitos, respectivamente.

Los viajes fueron tan inesperados que no me dieron oportunidad de planear tiempo para el turismo, ni siquiera pude empacar la cámara con la que me tomaría la típica fotito en la plaza de armas de la ciudad. Todo empezó a gestarse rápidamente en mi PC bajo los acordes de un concierto de Héctor Lavoe.

Ambas ciudades estuvieron de lo más calenturientas, quise decir calurosas. Pero, lo cierto es que lo pasé mejor en mi segundo viaje. Tal vez porque fui más resignada, o con mejor disposición, que en el primero, en el que tuve que anular mentalmente ciertas intenciones.

Hace buen tiempo que no chapaba un avión. Podríamos decir que hasta me había acostumbrado al amabilísimo, pero recientemente asaltado, Oltursa. Además, yo no estoy acostumbrada a hacer viajes largos. Camino de la casa al trabajo, el curso de inglés lo tomo a siete minutos de mi casa, el gimnasio queda a otros siete minutos, el novio vive a diez y por lo general orbitamos, creo que hemos salido juntos de Miraflores solo dos veces, sin contar trips al sur of course.

El taxi hacia el aeropuerto ya me daba tiempo para pensar en muchas cosas, ni que decir de la hora y media de cada uno de los cuatro vuelos (los del avión, los del avión). Es gracioso que nunca me haya pasado en los viajes en bus. Allí generalmente veo la pela y jateo. Será porque la mayoría de veces he viajado acompañada. Esta vez, solo tenía el libro del año del cerdo y mi loción astringente natura.

Fui inevitable recordar mi infancia, cuando solía acompañar a mi mamá en sus viajes de chamba. Me puse a pensar en cómo aquella super mujer era mi ídolo cuando yo era pequeña y en cómo al final terminamos siendo bastante distintas, aunque parecidas (es posible).

En medio de la reflexión, me sorprendió la vista de la llegada a la selva. Qué espectáculo! No pude evitar el babeo mientras aterrizábamos, ni tampoco la sensación de revisar nuevamente, pero de lejos en una forma mucho más interesante, aquel odiado Atlas de Juan Augusto Benavides Estrada. Sí, si, ese que nos torturó toda la secundaria.

Mi entrenamiento fue de lo más divertido y, no sé si será por la mímesis o sabe Dios qué, a las 3 horas yo ya estaba hablando como charapa. Fue graciosísimo. Es que después de 9 horas al hilo, con lluvia incluida, una no puede permanecer indiferente.

Obviamente no hubo tiempo, y en el primer viaje tampoco ganas, de hacer turismo; pero en Iquitos me las ingenié para seguir por lo menos una de las sugerencias de mi querida Giannina: conocer el Noa. Así, a la medianoche del sábado, y superando la idea de que mi vuelo salía a las 7am, chapé la minifalda y el polito tonero para conocer los encantos de la selva.

Buena elección. Me divertí una barbaridad. Hasta con amigos nuevos, prestaditos por un par de horas. No estaba dispuesta a aburrirme sola. No esta vez.

Pero todo tiene su final, nada dura para siempre. En un abrir y cerrar de ojos, casi literal, estaba trepando al avión que me traería de regreso, en un vuelo bastante agitado por cierto.

Salimos con lluvia, que luego me enteré duró hasta la 1pm, y tuvimos constante turbulencia. Por lo general me gusta el move it, move it, pero creo que alguien me estaba recordando la importancia de nunca perder el respeto por la naturaleza.

Ya en el aeropuerto sintonicé el dial local. Quería escuchar salsa, como al inicio de la historia. Encontré nuevamente al tío Héctor que me acompañó a recorrer de nuevo mi maravillosa selva de cemento.

Más que mil palabras