domingo, septiembre 30, 2007

Identidades: Dos versiones dos

La sexy


Marvelous Amorous Lover Expertly Volunteering Overwhelming Loving and Arousing, Delightful Yeses


Get Your Sexy Name



La mounstro


Madness-Addicted Livestock-Eating, Villager-Obliterating Lycanthrope from the Arcane Dreaded Yonder


Get Your Monster Name



¿Será cierto esto?

domingo, septiembre 23, 2007

Manito… ¿Qué michi es la mesura?

Mi hermano regresó a Lima hace aproximadamente un mes. Volvió a vivir con nosotros, en casa de mis padres, después de dos años y medio en Arequipa. Ha sido un re-acomode menos complicado de lo que pensé, afortunadamente. Pero además de su ropa, sus muebles, sus libros, su equipo cuadrafónico (como los de las tarjetas de “polladas”) y su nueva lap top, trajo casi como muletilla un nuevo protagonista en mi vocabulario: la mesura.

Es una palabra que me desagrada fonéticamente, sin contar lo semántico claro. Digamos que no es precisamente uno de los puntos cardinales de mi comportamiento. Ni modo. Es una de esas palabras que no tienen mucha presencia, como la disciplina y el sacrificio. Yo soy un poco más apasionada con mis acciones.

Es decir, me apliqué en el cole porque me encantaba, estudié mi carrera porque me enamoré de ella, tuve problemas y me levanté porque amo mi vida, ahora vivo en la pajarera porque disfruto mis 48 horas semanales, allí me trepo a las misiones más rangers porque adoro el peligro, voy al gym cada vez que puedo porque mi éxtasis radica en ajustar más esa bicicleta y descubrir que cada día se puede obtener más resistencia.

En general me trae buenos resultados, pero reconozco que no siempre; ya que en algún momento se hace necesaria una dosis mayor, nunca es inexistente aunque a veces parece, de reflexión y estrategia.

La parte que más sufre es la que se conecta con mis relaciones personales, que hasta hace poco se mantenían en los estándares, pero en algún momento se empezó a salir de control.
Entonces, comencé a prestarle más atención a la dichosa palabrita.

mesura. (Del lat. mensūra, medida).
1. f. Moderación, comedimiento.
2. f. Gravedad y compostura en la actitud y el semblante.
3. f. Reverencia, cortesía, demostración exterior de sumisión y respeto.
4. f. ant. templanza (‖ virtud cardinal).
5. f. ant. medida.

Más aún, porque la dichosa palabreja estuvo rondando el ambiente en los labios de mi hermano, de mi madre, de mi abogado, y obviamente en los míos durante esta primera quincena.
“Engríete con mesura”
“Haz las cosas con mesura”
“Tómalo con mesura”
“Escríbeme con mesura” (Romy)

Por allí alguien me dijo que parecía que estaba hablando de estos chistes de morenajes “el negro mesura” Pero ¿alguien imagina a un dios de ébano mesurado? ¡yo no!

Con este retumbe en los oídos me dirigí al blogday. Obviamente no conocía a nadie, en la blogósfera solo me conocen mis patas (mi barrio, jajaja). Casí quedé con el pairazaweb, pero al final yo llegué tarde y el nunca lo hizo, porque era también su cumpleaños.

Así emprendí mi caminata de mochileros a Dragón (llevaba semanas queriendo ir, en una ocasión el pobre Panchus terminó plantado, en fin), a ver si en el camino encontraba algo de mesura, pero no fue así.

Una vez en mi destino, me instalé en la barra. Después de algunos viajes sola a provincia cogí esa costumbre (no se si mala o buena) de plantarme sola en un bar (Blanquita, no eres la única. En el dolor… jajaja). Un buen trago, buena música y tiempo para reflexionar. Superar un shock emocional múltiple que cruzaba lo familiar, laboral, económico, personal, romántico, etc.

Terminé la primera copa y empecé a jugar con el cell (mi extremidad adicional). La semana anterior había recibido una llamada de mi mejor amigo, cuando me encontraba camino al Eka a celebrar el cumple del novio de mi sis; entonces decidí devolver el favor. La idea de que me encontrara sola en un bar lo descuadró y apareció en mi “rescate” a los 30 minutos.

De mesura, no tuvimos mucho. Nos pegamos la re-lora y la re-juerga hasta el amanecer, tanto así que al llegar a mi casa empalmé con un partido de los jotitas. De hecho fue una buena compañía y una muy buena noche, pero creo que debo continuar con la búsqueda. ¿No les parece?

viernes, septiembre 21, 2007

Recordando “choques y fugas”

Ahora en silencio voy recordando algunas cosas de la semana.

El lunes volví a la oficina después de vacaciones breves, una semana. La idea fue retomar la tesis, si si otra vez la interminable tesis; pero otra vez, tampoco se pudo. Una tentativa de desconexión, trámites internacionales, cosas de mujeres y un síndrome depresivo bravazo fueron los causantes.

La semana antepasada estuve en Puno. No me congelé tanto como me dijeron y tampoco fue tan complicado como me advirtieron; pero el vuelo de ida si me tuvo un poco ansiosa, por un retraso en la salida y por la aerolínea con la que cruzaría los Andes.

La estadía fue agitada e intensa. Estuve 24 horas exactas entre Juliaca y Puno, resolviendo problemas, recibiendo indicaciones desde Lima, dando algunas otras relacionadas con mis pendientes de vacaciones, todo contra el tiempo. Casi sin comer, sin descansar y con el ligero impacto de la altura. En fin, esas eran las condiciones y todos aceptamos.

Me quedé con la miel en los labios y tengo pendiente volver.
Puno Pone!

El motivo: tenía que llegar el viernes 7 a Lima para ir a la fiesta de la Virgen y de la Cruz de Cocachacra. Mi familia participaba en un evento particular esa medianoche y yo tenía que estar allí como sea. Así fue, pero no duré mucho. Para el sábado en la tarde ya estaba en Lima.

Lo anecdótico fue que conocí a un psicólogo mexicano con maestría en Zabreb radicado en Arizona, donde trabaja para una agencia de publicidad, y a pesar de que anduvimos conversando de lo más animados y teníamos bastante cositas que compartir no fui ni tantito capaz de pedirle el correo electrónico. El se devolvía en 10 horas a los yunaites. Hubiera sido más fácil darle una tarjeta, pero ¿quién lleva una tarjeta de presentación a Cocachacra? En fin.

A mi regreso, mi pequeña tabitha, lap top sin nombre entonces, colapsó. Un virus malo la contaminó y anduve buscando doctor para lap tops bebe sábado por la noche. También estuvimos buscando paqueques con Deb, y encontramos unos muy malos (no diré el nombre del café, pero es uno que se encuentra en el parque Kennedy).

Mi pequeña durmió fuera de casa, así que pasé por ella el domingo. Almorcé con Draven mientras esperábamos su retorno a mis brazos, nos pedimos aquel combo enorme de kfc que viene con tres leches y casi lo terminamos (q bestias!). Una conversa chévere con harto desahogo. Bien ahí.

Claro, ahora que sigo recordando, bauticé ese fin de semana como el de los “choques y fuga”. Si prestamos atención hice varias cosas, pero todas de un ratito, intenso pero luego me quité, jajaja.

Esos extraños mensajes del destino. Igual esperaré en silencio, quizá pueda luego hasta cantar.
Quiero hablar….

Amanecí sin voz. Pedí un día de silencio porque tenía que honrar el recuerdo, pero mamá naturaleza se la tomó con ganas y me dio dos. Siempre generosa conmigo. Hoy no se me escucha ni un miserable decibel.

Reconocí lo dependiente que soy de mis palabras. No pude tomar un taxi, hacer una sola pregunta durante mi capacitación, responder una sola llamada de la oficina, hacer las coordinaciones de siempre, ni decir una “frase célebre”o jugarle bromas a la gente de la pajarera, tampoco ordenar mi almuerzo y mucho menos decir qué me dolía para que me pudieran decir qué podía tomar.

Así eche mano de varios correos electrónicos para facilitarme la única comunicación posible desde que nos bloquearon el Messenger. Muy pocos respondieron, seguro porque últimamente mi servidor es un desastre, pero igual se agradece. La ingeniosa salida no fue tan efectiva. De pronto escuchaba “chicas, una pregunta” y yo no podía responder más que con señas y me quedaba con tanta info por soltar. Demasiado frustrante.

La idea de los post its se acabó cuando me tomaron demasiado tiempo y me perdía la ilación del tema y sobretodo la oportunidad. Algo deprimida salí a almorzar con la sis. Ambas necesitábamos nuestro baño de “Magma”. Y vaya que nos reanimó, jajaja.

Hacia la tarde decidí concentrarme al 100% en mi informe. Sin ocio creativo. Mi misión era el informe. Finalmente, para eso enrumbé a la oficina hoy. Y a eso me dedique. En realidad fui a trabajar porque el deber llama y porque soy una masoquista completa. La garganta me dolió todo el día. Pero incluso el dolor era soportable. Lo que hasta ahora no aguanto es no poder hablar.

Al final del día una llamada al cell, de las pocas que pude contestar (más por la necesidad que por la capacidad). Era mi madre. Por fin con la gran receta que aliviaría mis males y la promesa de una inyección que me dejaría como nueva para mañana.


Casi a la 1am, el gran remedio no llega y creo que por hoy no lo hará. Ni modo. Querida clínica, allí nos vemos.

Más que mil palabras