miércoles, febrero 24, 2016

Volver a empezar

Suelo seguir las recomendaciones de Netflix de puro curiosa (y debo admitir que soy fan de Judd Apatow y su clan), así que me animé a empezar Love: historia de dos corazones rotos que siguen con sus vidas (como siempre toca) y que conocen a alguien más.

Si bien el primer capítulo me pareció un poco lento y con un cierre que parecía comienzo; es a partir del tercero, cuando empieza realmente "el gileo", que la historia se pone interesante.


Curioso este proceso de conocer a una persona, y de conocerte a su lado. Este presentar tus historias, tus creencias, tus temores, tus intereses, tu mejor lado y un poco el peor; y recibir lo mismo del otro lado. Ver cómo encajan (o no) y disfrutar el camino, porque para eso está.

Me gustó mucho cómo se presenta Gus, tan tierno, tan dulce, tan bueno. con todas sus aficiones de chico sensible y (adorablemente) nerd; ante una Mickey alocada, dispersa, impulsiva, desorientada pero con mucha disposición a ser mejor persona (cosa que se aprecia mejor al final de la primera temporada). Se supone que eso hacen las personas "enamoradas" ¿no?

Me encanta la aparición de la menor de las Apatow Mann. (¡Cómo ha crecido desde "This is 40"!).

Y cómo dejar de mencionar a Bertie, mejor amiga de Mickey. Siempre dispuesta a brindar apoyo y compañía, incluso a veces a costa de su propia agenda. Además, la queremos porque hace focus groups, incluso en fiestas :P

En fin, me puso de buen humor, que no es poco.





domingo, febrero 21, 2016

Así se destruyó lo poco que me quedaba de infancia




No te doy las gracias, Deadpool.
Llora desconsolada mientras bota a la basura todas sus hojitas de carta de Rainbow Brite.

jueves, febrero 18, 2016

¿Felices para siempre? ¡Por supuesto!

En algún momento de mi vida, mi ideal de pareja se convirtió en aquella que llegara junto a mí a la vejez. Me imaginaba sentada en una mecedora o en mi sillón favorito junto a mi esposo de toda la vida, o de buena parte de ella, sentado a mi lado. No me imagino hijos, aunque me gustaría tener nietos (así de compleja me pongo), pero la idea era poder disfrutar juntos de nuestros últimos años.


Pero el camino para eso no es ni un poquito fácil. La convivencia es maravillosa, pero tiene muchos aspectos que trabajar. Dos personas distintas, que vienen de espacios distintos, y (en mi caso) de géneros distintos, lo que le da a la vida en común todo un rollito adicional de hombres vs. mujeres.

Hace unos días escuchaba a una señora de unos 65 años: "el secreto de la felicidad es cambiar de marido cada 10 años" y hoy leía este artículo, nada científico que recomienda cambiar de pareja cada 5 años para ser feliz. (Risita incómoda).

No creo que se trate de tiempo, aunque es un referente importante, considero que las relaciones (como todo) deben evolucionar para mantenerse; pero por sobre todas las cosas creo que todos tenemos derecho a buscar la felicidad. Y la felicidad no entendida como ese estado utópico donde todo es perfecto, sino tener esa serie de momentos felices que te arranquen una sonrisa o que te hagan recordar que hay alguien (al lado, en el whatsapp, o donde sea) que está pendiente de ti todo el tiempo, y de quien tú también estás pendiente (of course). Y sobre todo, la felicidad en los momentos malos, que es la más compleja: ¿cómo ser feliz en medio del dolor? ¡Eso es para los grandes!

No sé si lo logre, ya fallé una vez, pero seguiremos intentando...








jueves, febrero 04, 2016

Historias de muñecas

Como la gran mayoría de chicas de mi generación amé "las Barbies". Tuve algunas. Las que la inflación del gobierno de Alan García les permitió comprar a mis padres. 

Mi Barbie Ballerina era la favorita. Solo necesité un Ken, porque en sí el personaje era totalmente irrelevante. Y de niña, no le aportaba demasiado a mis historias de fantasía.

Rescaté muchas cosas de Barbie, la principal tal vez, y que fui desarrollando más adelante, fue la versatilidad de la mujer. Una de mis pastruladas teorías de vida es que la mujer es como Barbie. Todas tenemos versiones: la estudiante, la profesional, la hija, la bailarina, la exploradora, la aventurera, la ratona de biblioteca, la deportista, la ama de casa, la fashion, la hipster, la Malibú of course, la madre (cuando apareció Kelly), y así. Para mí Barbie siempre tuvo variedad. 

No tengo recuerdo de la primera vez que escuché las críticas históricas a Barbie: desde racista por lo caucásico de su apariencia, el uso excesivo de tacos y/o maquillaje, hasta aquellas "proporciones imposibles" o "cuerpo inalcanzable" que no la acercaba a la "mujer real". 

No recuerdo jamás haber pensado en parecerme a mi muñeca.
    
            

Solo viendo algunas de aquella "Barbies humanas" me queda clarísimo todo: si te quieres parecer en el mundo real a tu muñeca, tienes problemas, y/o tus padres no te enseñaron a diferenciar el mundo del juego del mundo real.

Y en mi caso, tendría que haber tomado el tratamiento de Michael Jackson (otro ser con evidentes problemas personales) y seguro habría querido también parecerme a mi Fresita (pelirrojísima ella) o a mi Chilindrina (hoy digo "oh por Dios, no!"). ¿Qué haríamos con las pequeñas que tienen Bratz? ¿O le pedimos a MGA Enterteinment que no las haga cabezonas?

Pero nos gustan las cosas nuevas

La semana pasada Barbie, escuchando a sus críticos, lanzó su nueva colección con 3 tipos nuevos de cuerpo, 7 colores de piel, 22 colores de ojos y 24 peinados


Nos gusta la innovación. Lindo tener nuevas Barbies de varios tonos de piel, con muchos peinados (oh! los peinados), pero esto de exigirle a una muñeca "ser real" es tan desproporcionado como sus tradicionales medidas. Mattel pudo tranquilamente sacar estas nuevas muñecas con un "By Barbie" y las niñas podrían también jugar con ellas. Es un hito en tanto una marca se reinventa después de 57 años, pero no porque protege los estereotipos de las mujeres, para eso está la educación en casa.

Más que mil palabras