domingo, marzo 20, 2016

Mudanzas

Debo haberme mudado, al menos, unas diez veces en la vida.
(Mis padres compraron su casa después de que me independizara, y comprar mi propio lugar está aún pendiente.)

Históricamente siempre fueron para mejor. Con mis padres, normalmente fue a una casa o departamento más grande, más bonito, mejor ubicado, con más dormitorios, con patio y con jardín para los niños y los perros. 

Cuando me mudé sola, era ir a mi propio espacio, que podría decorar como yo quisiera donde se viviría bajo mis reglas, porque entonces no contemplaba la idea de tener roomie. 

Cuando me mudé con mi novio, fue espectacular, la ilusión de esa gran aventura donde sin proponérnoslo tuvimos como primera condición: los perritos, niños de nuestros ojos, con los que también emprendimos algunos cambios de casa.

Luego de la separación, las mudanzas tuvieron otro sabor. Si bien, no fueron para mal, esa ilusión por los cambios y por lo nuevo se atenuaron un poco. Se volvieron decisiones necesarias, saludables, pensadas, pero tristes. 

No todo ha sido malo, of course. ¡Tuve la oportunidad de tener roommate por primera vez en la vida! Y fue la mejor que pude tener. El Natural Woman Kingdom respondía al 100% a su nombre: un espacio estupendo solo para chicas donde vivíamos súper lindo, comíamos súper bien, hacíamos mucho ejercicio y trabajábamos mucho también (la tesis no se hace sola). Un amigo nuestro hasta se sorprendió de cómo en estos meses no peleamos ni una sola vez. Así es cuando la gente es compatible, cuando hay respeto, amistad, las cosas claras y mucha comunicación. Alguna vez en nuestra reflexión nos consideramos un matrimonio “todo funciona bien, solo no hay sexo”.

Ahora toca un real back to the basics, que vino acompañado de más cambios (¡vaya que a este paso voy a obtener un master extra!). Pero nada, la mejor manera de saber cómo está el agua es lanzándose a la piscina, mirando bien, obvio. 



martes, marzo 08, 2016

Sí, mujer. Te saludo por tu día.

Como era de esperarse, desde hace un par de días empezaron las reflexiones acerca del día de la mujer: "No nos salude mañana", "Qué suerte que no soy mujer", y algunos otros comentarios (a mi parecer extremos) en twitter.

¡Vamos! Habría que tener muy poca conciencia para no reconocer que aún hay desigualdad, y muchísima. Y mi primera imagen no es la ejecutiva o gerente que gana menos que su par varón. Imagínate, ella (al menos, y es dolorosísimo decirlo así) ya tuvo acceso a la educación primaria, secundaria, superior, probablemente postgrado; y tiene los medios para ir al spa, al gym, al yoga y a cuanta actividad extra le nazca y tenga tiempo para participar. Claro, su vida no es fácil tampoco. No sabemos si su esposo la maltrata psicológicamente o si la hace sentir culpable (¡pobre de ella si además gana más que él!). No, no pienso en ella.

Tampoco pienso en la adolescente de barrio que cree que (mal) valerse de su sexualidad, y de un adolescente (un adefesio, me permitirán decir), es el camino para obtener reconocimiento. Que probablemente tiene un padre (y lo peor, una madre) que le refuerzan estos estereotipos de mujer objeto. No pienso en que quizá tuvo que ver como golpeaban a su madre, por no servir un plato de comida caliente (o al gusto del comensal), o porque simplemente el marido llegó ebrio y no se le ocurrió algo más interesante que hacer.

Ni hablar del frívolo (aunque ni tanto) sufrimiento del verano. Mujeres que no saben qué ponerse para soportar el calor y evitar ese momento incómodo que va desde escapes de aire hasta palabras asquerosísimas, si es que no hay un avezado que se anima (porque sí) a ir más allá. Y claro, "es su culpa, quién las manda a salir así a la calle". Y, claro, ¡ay de una! si se atreve a viajar "sola".

Pues no, no pienso primero en ellas.

Pienso en las que no tienen voz. En las que no tienen a quién decirle (y denunciar) todo lo anterior, y cosas mucho peores. En las que ni siquiera tienen herramientas para luchar, en principio, para salvarse físicamente, ni qué decir de las humillaciones. Las que no tuvieron acceso a la educación básica, las que creen (porque no conocieron otra cosa) que esa es "la forma en la que tiene que ser" y están condenadas a una vida miserable (por decir lo menos).

Pero ¿cómo nos ayudamos entre todas? ¿diciendo "no me saludes porque no hay nada que celebrar"? ¿No te parece que levantarse y saber que hasta en lo más mínimo te puedes enfrentar a un universo agreste solo por ser mujer ya es estar en pie de batalla? Y que a eso tienes que sumarle lidiar con tus hormonas (sí, señores, las mujeres somos -científicamente- hormonales, y eso no nos hace menos, solo diferentes) y con tus propias necesidades afectivas/emocionales (y con esto no digo que los varones no las tengan).

No señores, las que "no tuvimos la suerte de no ser mujer" tenemos que acomodarnos las "pelotitas cósmicas" a diario y por supuesto eso amerita, como mínimo, un saludo. Y digo como mínimo porque no se trata de un gesto amable para reconocer solo lo que se hace hoy, si no también toda la tarea que hay pendiente y en la que algo se avanza de a pocos.


¡Feliz Día de la Mujer!


Más que mil palabras