viernes, junio 22, 2007

Mis vacaciones: la segunda mitad

A mi regreso de Arequipa hice otra de las cosas maravillosas que más adoro: Ir a clases. No a tomar un curso en la universidad o algún centro de idiomas; sino a dictar. Una de mis pasiones que aún no realizo en toda su plenitud.

Por enésima vez me entretuve con el lindo deporte de revolcar chibolos. No, no señores, no me refiero a aquella debilidad de la que fui presa por partida triple entre 2005 y 2006; sino a las evaluaciones periódicas que realizo en un cursillo de noveno ciclo en la universidad.

La experiencia: espectacular. Es muy tierno poder compartir lo que uno sabe o ha aprendido a lo largo del tiempo a través de métodos didácticos y sobretodo de los no tan didácticos. Vi cosas preocupantes. Algunos puntos que ya deberían estar claros, no lo estaban; y bueno, había que echar mano en el asunto. Pero también vi mucha ilusión, mucho feeling, mucho potencial; y eso renueva demasiado.

Es mostro recordar todos los ánimos que uno tenía cuando estaba en el último año de la universidad. Cuando piensas, sueñas, con lo que estás a punto de alcanzar. Cuando sabes que vas a ser eso que querías ser y por lo que te esforzaste, de diversas maneras, para alcanzar.

Muchos de esos sentimientos que yo siento perdí en el camino, y algunos de mis conocidos también. Recuerdo hace ya varios meses una reunión con mis colegas en la que reflexionábamos acerca de lo que nos ha dado ser Comunicadores.

La mayoría coincidíamos: primero nos mechamos con nuestros viejos, luego le pusimos mucho punche, nos enamoramos de la carrera, y luego salimos al mundo.

Allí la cosa fue más complicada de lo que nos imaginamo. La carrera incomprendida por nuestros padres también lo fue para algunos de los jefes con los que empezamos a trabajar y nos enfrentamos a lo que todos: harta chamba y poco sueldo, aunque siempre, mucho amor. Digamos que este enamoramiento universitario es lo suficientemente sólido como para que dure para toda la vida. Eso es algo de lo que me doy cuenta diariamente, más aún durante el último año.

Probablemente todos tenemos zafado un tornillo y nos gusta el maltrato divertido. Porque ninguno de los que conversaba conmigo ese día podrá negar que se vacila en lo que hace. Aunque trabaja sábados y domingo en hora de oficina y after office. Aunque a veces nos llaman en horarios incomprensibles, para hacer consultas y / o solicitudes incomprensibles, pero allí estamos.
Creo que necesitaba también ese refresh como parte del break que estaba tomando antes de retomar la “conexión”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tienes razon querer lo q haces,hace que el "maltrato divertido" sea digerible.ja ja


Saludos chica publicista - PUCP

Epicureo

Más que mil palabras