domingo, noviembre 18, 2007

Correremos, correremos, correremos

Domingo 11 de noviembre, 6:30am.

Salí de la cama y me metí a la ducha. Mientras sentía el agua caer sobre el “instrumento”, que había estado cuidando y preparando con mayor cuidado desde hacía 5 semanas para que estuviera a la altura de la situación, me seguían atormentando las ideas del post anterior. El pánico escénico iba in crescendo conforme se acercaba la hora de partida para la carrera.

Me vestí. Había preparado mentalmente mi indumentaria pero no la había usado completa antes. Parecían reproducirse mis infantiles expectativas ante el uniforme nuevo de primer día de clases (sorry, a mi me afanaba el colegio). Tenía el top, el short, el polo y el buzo. La primera misión de la mañana era insertar el chip en la zapatilla. A pesar de las instrucciones, estaba buscando una mejor manera para asegurar más el dichoso artefacto. No suelo seguir manuales, no va conmigo.

Superada la misión. Alisté mi maletita como quien se va a un día de campo. Hay neblina, seguro hará frío, entonces doblé la muda de ropa y metí los artículos de personal care, categoría a la que cada vez le tengo más cariño, pertinentes.

Desayuno? Pensaba tomar el batido tan cumplidor que me había acompañado estas semanas, pero como lo tomo con leche me pareció que no sería conveniente. Entonces bebí un vaso del maravilloso te de hierbas concentrado.

Espere a Giannina pero al final nos dio el encuentro en el hipódromo. Me fui a casa de la sis. Llegué en simultáneo con su bicho, 15 minutos después de lo pactado. El pánico recrudecía y lo primero que hice fue meterme a su baño. El bicho entró después. La sis disfrutaba nuestra ansiedad a carcajadas.

La entrada al hipódromo fue una locura. Habían demasiadas almas, y habían llevado sus autos. Encontrar sitio para el “rojito” nos tomó varios minutos. Para entonces ya tenía las llamadas de Pancho y Giannina que están tratando de encontrarme en aquel universo celeste.

Luego de una gran búsqueda, que incluyó caminatas, carreras, paradas estratégicas (otra vez en el baño) y llamadas telefónicas nos encontramos. Presa de la ansiedad, empecé a saltar como conejo; aunque muchos de los allí presentes podrían pensar que se trataba de una nueva técnica de calentamiento. Jojojo.

Convocaron a la partida y se nos había perdido el bicho. Pancho y yo nos adelantamos. Sonó la partida. (Sugiero se acompañen con el videito antes de continuar)


Lo que viene a continuación es una serie de frases, algunas dichas, otras solo pensadas, kilómetro a kilómetro.

Kilómetro 1
“¿Cuándo empezamos a correr nosotros?” (5 minutos después de la partida seguía trotando en mi sitio. Había un egg de gente)
“Ala mierda!” (Al notar que desde los escasos 100 metros que había empezado a correr podía ver que ya había gente sobre la bajada de El Derby)
“Uy caray! Se me perdió Pancho!” (Para cuando ya estábamos en la bajada de El Derby)
“Qué bonito, ustedes se mueven despacito, mientras que todos nosotros no sabemos qué será de nuestras vidas la próxima hora” (A los deportistas de la tercera edad que nos hicieron una demostración de tai chi en el pentagonito. Plop!)
“Saca tu manguera, bombero” (Cuando la unidad móvil encendió su sirena)

Kilómetro 2
“Ahora empieza lo bueno” (El camino era de bajada, se podía coger cierta velocidad)
“Ajá! Qué buenas piernas” (Ese fue inició ese espectáculo que marcaba la diferencia en la ruta)
“Permiso! Permiso!” (Me faltó decir al fondo hay sitio, avancen, jajaja. Aquí comprendí que la cultura de combi me sería de mucha utilidad para seguir avanzando a mi ritmo. No faltó su golpecito casual, producto de la viada con la que venía)

Kilómetro 3
“Uyuyuy. Qué guapo que estás!” (Con sonrisa coquetona como quien distrae; pero no, él también sigue corriendo)
“Miércoles! Cómo se supone que voy a tomar el vasito de powerade?” (Hubo que hacer un stop de microsegundo para un seco y volteado que casi me atora)
“Y a este señor quien lo persigue?” (Al ver a un chico que tenía un cartelito que decía 50 minutos. No había forma de seguirle el ritmo. Qué trome!)
“Un gordito, vamos a pasarlo” (Eso se puso más divertido en los últimos kilómetros, pero si nos hubieran dado puntos por pasar gorditos tendríamos miles de bonus extra, jeje)
“Genial! Y eso cómo te contribuye?” (Al ver al señor del sombrero con florcitas de viento. Plop!)

Kilómetro 4
“Coño! Mi zapatilla” (Sentí que mi pie izquierdo estaba menos ajustado que al inicio. Menos mal el chip estaba al otro lado. Recordé la lista de preocupaciones:Sucedieron todas)
"Me la amarro o no me la amarro?" (El dilema que suponía un riesgo. No lo hice)
“Yo a ese lo conozco” (Es lógico mamita, si hay una aglomeración podrías reconocer a alguien ¿no?)
“Me siento como Rocky Balboa, debo empezar a gritar mariiiiiiiia, mariiiiiiia” (Cuando la banda republicana nos tocó "gonna fly now")

Kilómetro 5
“Y ahora que?” (Los organizadores que nos pedían que pisemos la plataforma)
“Ya vamos la mitad. Qué paja!” (Allí me di cuenta de la razón del pedido anterior)
“I grew strong. I learned how to carry on” (Tarareando "I will survive" mientras Gisela Ponce de León saltaba sobre un escenario en la curva que nos haría regresar al hipódromo)
“Auch!!!Ahora entiendo porque nos cantaba I will survive” (Toda la ruta que seguía era de subida. Plop!)

Kilómetro 6
“Agüita. Bravo!” (Había que hacer otra parada estratégica por powerade)
“Ahora no me voy a atorar” (De hecho no lo hice. Solo tomé la mitad de mi vaso y derramé la otra sobre mi polo. Plop!)
“Fucking sol” (A pesar de los lentes, el bloqueador y el bronceador empezaba a sentir fastidio por el calor)
“Y estas?” (Dos señoritas estaban corriendo con nosotros lo hacían en diagonal, CON PATINES!!! WTF?)

Kilómetro 7
“Oh noooooo!!!” (La mancha celeste a la que pertenecía, empezaba a tomar el carril de debajo de la Javier Prado)
“Esta curva es tan palomilla en carro como a pie. No hay duda!” (Pasando debajo de la Av. San Luis. Nunca miraré con los mismos ojos ese tramo de la Javier Prado)

Kilómetro 8
“Si cunch….¿A ver córrelos?” (Pasando San Luis estaban Gonzalo Torres y Percy Marquina diciendo “faltan SOLO 2 km” ja!)
“Habrá llegado mi mamá?” (Buscando a mi familia en los puentes peatonales donde estaban barras de los equipos dándonos ánimo)
“Ya no jalo” (Cuando sentía que la vida se me iba y apostaba a mi misma a que llegaba a la siguiente cuadra)
“Me quema, me quema, donde michi están los bomberos?” (El sol decidió brillar con todo su esplendor cuando me encontraba por Campo Fe y a los lados no estaba ni la esperanza)

Kilómetro 9
“Ay no! Me voy a acalambrar” (Nuevamente sintiendo que la vida se me iba junto a un interesante hormigueo en la pierna derecha)
“No puedo parar ahorita, ya he llegado hasta acá. TENGO que terminar”
“Por fin algo de sombrita” (Debajo de la Panamericana Sur)
“Ya falta poco. Dale!” (Leyendo el cartel que decía “Disfruta los últimos metros de la 10k” y pensando ingenuamente que pocos son entre 30 y 50 metros)
“¡Cuidado que atropello!” (En el túnel antes de entrar al hipódromo. Donde no se les ocurrió mejor idea que poner luces de disco)
“Por fin la puerta. Falta poco” (Mientras entraba al hipódromo y seguía creyendo que faltaban 20 0 30 metros)
“Me mueeeeeeeeero, pero ya llego” (Veia la meta como a 150 metros y con lo poco que me quedaba de fuerza empecé a acelerar)
“Son 10:03. La voy a hacer en una hora casi” (Seguía corriendo)

Kilómetro 10
“SE ACABÓ” (la explicación sería redundante)

Recuperé el aliento. Me quité el polo y me dispuse a hacer todo el trámite final antes de encontrar a mi “hinchada”. Lindas la Giannina y Analía.

Pancho y el bicho aún no habían llegado, así que nos quedamos en la meta a esperarlos. “Manya! Llegué antes que ellos” (Si tipeas nuevamente mi nombre puedes ver mi tiempo final)

Allí veíamos llegar papas con cochecitos, novios de la mano, familias jóvenes (papá, mamá, hijo). “Yo quiero hacer eso algún día”

Empezaron a llegar los mensajes al celular. Recuerdo el “RUN ROMY! RUN!” de Lucho que tuve que responder con “Ya llegué! Gracias!” Mis papis que si me llegaron a ver en la Javier Prado. La llamada antes y después de mi mejor amigo en la historia.




Estaba super endorfinada, contenta, acalorada, eufórica. Feliz!!! Merecía una chela!!!!

“Me hubiera gustado que estuvieras aquí” (Pero Dios sabe por qué hace las cosas).

sábado, noviembre 10, 2007

Los previos

Estas son mis ultimas bloglíneas antes de la carrera. Como siempre, un día antes, me encuentro ansiosa y nerviosa en extremo.

¿Por qué?
No tengo una respuesta precisa, aunque si miles de inconvenientes posibles que rondan mi cabeza:
  • ¿y si no termino la ruta?
  • ¿si me caigo?
  • ¿si me luxo la pata?
  • ¿si me agito demasiado y me asfixio?
  • ¿si hace frío?
  • ¿si sale el sol?
  • ¿si me acalambro?
Es cierto, he entrenado. También he cumplido (con inevitables excepciones) mi lista de propósitos en cantidad de entrenamientos, mejora alimenticia, eliminación de bebidas alcohólicas, mejora de hábitos de sueño, etc, etc. Pero aún así, me siento insegura. Es como si tuviera la sensación de que algo fuera a pasar. Como ese pan que en la puerta del horno se nos quema…

Tampoco es que pretenda ganar o quedar entre los top hundred, pero siento como si no fuera a hacer un buen papel. Entiéndase "buen papel" como la contradicción de mis preocupaciones, detalladas anteriormente.

Todo esto me hace recordar mucho mis presentaciones de campañas en la universidad. De verdad me ponía muy nerviosa. Había estudiado, sabía el tema, sabía que una vez al frente sabría manejar la situación, pero en los previos era un manojo de nervios.

Obviamente con la experiencia, los nervios se redujeron bastante y eso ya no me pasa en las presentaciones, por ejemplo; pero ahora que me enfrento a un evento deportivo me siento como una novata, y eso que se supone que llevo Adecores y Semilleros de El Comercio desde el colegio.

Chess!!!Siempre me pasa lo mismo.
Pánico escénico!!!

Es tan intenso que el mal humor de la semana y los innumerables problemas en la chamba, que me acompañaron hasta hoy inclusive (anoche salí 10:30pm, hoy fui a la oficina y he recibido llamadas laborales en la tarde), han pasado a un segundo plano.

Además, la también inevitable expectativa alrededor incrementa la ansiedad. Los que corren conmigo están emocionados, los que se solidarizaron con la causa también, la gente de la chamba, los manitos. De hecho se agradece el detallazo, pero esta combinación de afanosita con fugitiva de las cámaras me genera sentimientos encontrados.

También entran en la lucha contra la ansiedad, mi optimismo por default ("todo va a salir bien")seguido de mi alpinchismo por default ("y si no sale bien ¿por qué te haces paltas?").

Supongo que la lucha continuará hasta que empiece a correr. Estoy segura que allí no pensaré mucho. Tal vez "a qué hora se acaba esto" cuando me encuentre por el kilómetro 7, si es que aún tengo fuerzas para pensar.

En fin, gracias a todos por sus buenos deseos, por respetar mi ley seca y mi toque de queda. Haré lo mejor posible y bueno, les contaré luego, cuando pueda.

Haciendo una adaptación de la adorable dorothy: "correremos, correremos, correremos"


martes, noviembre 06, 2007

Molesta a cinco días de la carrera
Hoy estoy particularmente molesta, cosa extraña en mí.
YO NO ME MOLESTO.

O sea, puedo estar de mal humor, más engreída que de costumbre, tal vez algo antipática, pero ¿molesta? Es muy raro.

Motivos no me faltan. Tuvimos algunos problemas en el trabajo con unas cosas que no salieron, y como nunca me vi en la necesidad de “cuadrar” gente. Cosa que no suelo hacer, porque siempre busco hasta el último punto de conciliación, pero cuando pierdo la paciencia: LA PIERDO DE VERDAD.

Encima se me juntaron problemas personales del mismo calibre. En conclusión: LEER CON PRECAUCION!

Halloween fue extraño, por segundo año consecutivo. La sis y yo conseguimos esos disfraces maravillosos. Salimos a la fiesta, pero luego terminamos en el Eka tomando nuestra única chela del mes. Allí fue que vimos a Renato Cisneros y recordé que debía escribir el post anterior, jeje.

Peculiar manera de celebrar mi segundo cumpleaños. Por cierto, gracias a todos los que se acordaron ;)

El jueves me lo pasé enganchada a Internet. Buscando cosas, revisando cuentas, chateando y lo más importante: comprando los pasajes para mi destino en año nuevo. Haciendo plancitos para una aventurilla que promete. Pero hubieron algunos malos entendidos al respecto. Mmmmffff.

El viernes, mi día libre, me quedé dormida y no pude empezar con la búsqueda de depa. Solo tuve parte de la tarde para hacer unas compras para mi nuevo cell y unos trámites. De pronto una llamada de la chamba, diciendo que un cronograma no se iba a poder cumplir. Grrr.

Aún así, me fui con la sis y su bicho a completar 10k al pentagonito. Lo hicimos!!!

Entonces me llamó mi tía-prima y quedamos para tomar salir. Me recogió, fuimos a su casa, y aproveché para ducharme y cambiarme. Linda velada en San Antonio con ensaladita y juguito. La nena me deja en la puerta de mi casa. Doy cinco pasos y escucho una super frenada y sonido realmente aparatoso. Salí en automático hacia la esquina. Mi tía-prima había chocado. Ella, y su auto, estaban bien; pero el otro auto terminó estrellado en un árbol. Afortunadamente, sin heridos; pero terminamos haciendo todo el trámite a las 2am. Zzzzzz….

El sábado, mañana de gym maravillosa. Clase de baile nuevamente y la novedad la puso la clase de yoga. Cool! Aproveché la tarde para dar un recorrido por los mercadillos de la ciudad. De vez en cuando, se convierte en una actividad interesante.

Tenía que comprar unos complementos para mi Malevobaby. Así conocí COMPUPLAZA, ese centro comercial que está al frente del clásico “Galerías Wilson” y que se lo llevó de encuentro. A juzgar por la fachada no daba ni medio sol por el sitio, pero terminó sorprendiéndome. Definitivamente, las apariencias engañan.

Luego me fui a caminar al mercadillo de Jesús María. Tiempo que no andaba por allá, desde mis vacaciones de junio, creo. Eso me hizo pensar en que mi radio de acción se está limitando :S

El sábado tuve que dormir temprano, ya que había entrenamiento, el último. Pero mi madre tocó la puerta y cual Eva me tentó con un pedido del Pardo’s y no me medí. Como resultado a la mañana siguiente me sentía super pesada para correr. Malazo. A pesar de todo, terminamos la carrera.

La tarde se destinó a una reuna familiar por la que tuve que cancelar varios cafecitos. La noticia detonante llegó a las 6pm: Analía se había lesionado, tenía pendiente una visita a la clínica a la mañana siguiente. Allí le dijeron que debía guardar reposo absoluto por una semana, ergo, la nena no corre el domingo. Creo que allí me entró un poco la colerita. Pensaba en ese pan que en la puerta del horno se nos quema. Ni modo, sis, correremos por ti. Mejórate pronto.

Finalmente el remate lo pusieron los problemas en la oficina que describía al inicio.

No me gusta pelearme con la gente!!!!
No me gusta perder la paciencia!!!
Me estresa!!!
Odio estresarme!!!
Y solo faltan cinco días!!!

viernes, noviembre 02, 2007

Escribiendo con las palabras de otros

Últimamente los post ajenos me están ayudando a decir algunas cosas que se están cruzando por mi mente, lo gracioso es que todo tiene que ver con temas románticos.

Pareciera que no pudiera decir ciertas cosas con mis propias palabras, o que mi subconsciente –tal vez más consciente de lo que quiero imaginar, no me lo permite. Primero fue Clotilde Pink y hoy es Renato Cisneros.

Me encontraba en medio de esta semana extremadamente corta, con solo tres días de labor porque mi jefe (tan considerado él) me dio el viernes libre; revisando los pendientes, tratando de cerrar todas las coordinaciones necesarias para arrancar con fuerza el próximo lunes.

Tuvimos un momento free y me puse a revisar los blogs de El Comercio, los únicos que puedo leer desde la oficina (junto a algunos de wordpress y espacioblog, de blogspot nada), y encontré el último post de Busco novia.

El post hablaba de una, no tan nueva, tipología romántica denominada El Club del Paréntesis:

Una comunidad imaginaria, una logia integrada por aquellos hombres y mujeres a los que les gusta vivir en un permanente estado de tránsito. Sus miembros no son partidarios de las instancias definitivas, mucho menos de los compromisos. A cambio, adoran la independencia y la autonomía. Son individualistas, egoístas, celosos de sus manías y costumbres. No son necesariamente solitarios, pero se resisten a confiscar su tiempo y regular su vida y su espacio en función de otra persona.

No desprecian el matrimonio, lo valoran, pero no como el escalafón mayor de esa dudosa pirámide que las sociedades conservadoras suelen consagrar, sino como un acto eventual, voluntario que, por lo general, cobra sentido luego de la convivencia. A pesar de que no lo descartan, ellos son mucho más proclives a la soltería, pues saben que con ella son dominadores absolutos de sus acciones y únicas víctimas de sus consecuencias.

Haciendo una auto–reflexión, no pude evitar reconocer en esa descripción una larga etapa de mi vida, para ser exacta entre Enero de 2001 y Diciembre de 2006.

Es posible que uno de los motivos argumentables sea “es que no te enamoraste de verdad”, a lo cual respondo que no. Me enganché muchísimo con dos relaciones de esa temporada, pero los susodichos también pertenecían al club entonces, así que nunca íbamos a cruzar el límite del “quieres estar conmigo?”. Dios nos crea, nosotros nos juntábamos. Tal vez mi membresía era lo suficientemente evidente, no estoy segura.

Así empecé mi última relación, mis expectativas no superaban el recrear el status quo de las anteriores; sin embargo, y para sorpresa de muchos –yo incluída, este chico si fue “mi novio”. Y ¡Oh, más sorpresa! No solo eso, también me enamoré.

Entonces, fue como si me hubiesen cambiado el chip de Claro a Movistar. De pronto, estaba dispuesta a negociaciones, cesiones, sacrificios y hasta aquella actitud cuya solo mención me causaba, en su momento, mareos reales: compromiso. Mi auto percepción empezaba a negar, porque todo estaba anclado para mí en el sentimiento, el siguiente párrafo:

Esta gente sabe perfectamente lo que quiere y tiene muy claro lo que estaría dispuesta a sacrificar y lo que no. Ellos no le hacen ascos a la idea de emparejarse, siempre y cuando eso no distorsione, ni muy mínimamente, su estilo de vida. Pero si el pacto amoroso exige demasiadas concesiones, la solución es simple: no hay pacto… El amor es solo una posibilidad y eso en el Club del Paréntesis es un principio que se sigue a rajatabla.

El detalle es que parece que el chip anterior se oxidó al estar mucho tiempo fuera del equipo.

Una vez terminada la relación intenté colocármelo, pero nuestras tecnologías ya no eran compatibles. No se podían efectuar las llamadas, claro que tampoco marqué demasiados números, no quería.

Estos tres meses, han resultado más que ilustrativos sobre mí misma para mí. Me expuse a más situaciones límite de las que estaba preparada para afrontar (siempre yo tan exigente –casi nazi – conmigo misma). Lo cierto es que si me quedaron muchas cosas claras.

Una de ellas, la más importante, es que no quiero renovar mi membresía en el dichoso club y aunque aún me resisto a admitirlo del todo, podría decirse (miren cómo aún utilizo la tercera persona) que de verdad me compré el combo de “pareja + amor” a solo un “¿quieres estar conmigo?”

¿Cómo cambian los tiempos, no?

Más que mil palabras