viernes, septiembre 21, 2007

Recordando “choques y fugas”

Ahora en silencio voy recordando algunas cosas de la semana.

El lunes volví a la oficina después de vacaciones breves, una semana. La idea fue retomar la tesis, si si otra vez la interminable tesis; pero otra vez, tampoco se pudo. Una tentativa de desconexión, trámites internacionales, cosas de mujeres y un síndrome depresivo bravazo fueron los causantes.

La semana antepasada estuve en Puno. No me congelé tanto como me dijeron y tampoco fue tan complicado como me advirtieron; pero el vuelo de ida si me tuvo un poco ansiosa, por un retraso en la salida y por la aerolínea con la que cruzaría los Andes.

La estadía fue agitada e intensa. Estuve 24 horas exactas entre Juliaca y Puno, resolviendo problemas, recibiendo indicaciones desde Lima, dando algunas otras relacionadas con mis pendientes de vacaciones, todo contra el tiempo. Casi sin comer, sin descansar y con el ligero impacto de la altura. En fin, esas eran las condiciones y todos aceptamos.

Me quedé con la miel en los labios y tengo pendiente volver.
Puno Pone!

El motivo: tenía que llegar el viernes 7 a Lima para ir a la fiesta de la Virgen y de la Cruz de Cocachacra. Mi familia participaba en un evento particular esa medianoche y yo tenía que estar allí como sea. Así fue, pero no duré mucho. Para el sábado en la tarde ya estaba en Lima.

Lo anecdótico fue que conocí a un psicólogo mexicano con maestría en Zabreb radicado en Arizona, donde trabaja para una agencia de publicidad, y a pesar de que anduvimos conversando de lo más animados y teníamos bastante cositas que compartir no fui ni tantito capaz de pedirle el correo electrónico. El se devolvía en 10 horas a los yunaites. Hubiera sido más fácil darle una tarjeta, pero ¿quién lleva una tarjeta de presentación a Cocachacra? En fin.

A mi regreso, mi pequeña tabitha, lap top sin nombre entonces, colapsó. Un virus malo la contaminó y anduve buscando doctor para lap tops bebe sábado por la noche. También estuvimos buscando paqueques con Deb, y encontramos unos muy malos (no diré el nombre del café, pero es uno que se encuentra en el parque Kennedy).

Mi pequeña durmió fuera de casa, así que pasé por ella el domingo. Almorcé con Draven mientras esperábamos su retorno a mis brazos, nos pedimos aquel combo enorme de kfc que viene con tres leches y casi lo terminamos (q bestias!). Una conversa chévere con harto desahogo. Bien ahí.

Claro, ahora que sigo recordando, bauticé ese fin de semana como el de los “choques y fuga”. Si prestamos atención hice varias cosas, pero todas de un ratito, intenso pero luego me quité, jajaja.

Esos extraños mensajes del destino. Igual esperaré en silencio, quizá pueda luego hasta cantar.

1 comentario:

El Doc dijo...

¡Jajajajaja! Bueno, ya sabes, aunque sea un par de tarjetas con los documentos, en todo momento.

¡Qué bueno que Tabitha está todo bien ahora! Vania le manda saludos, dice que se cuide y que cuándo se juntan de nuevo para compartir sus juguetes.

¿Ya decidiste qué hacer con tu tesis?

Más que mil palabras