lunes, septiembre 01, 2008

Esclava de palabras liberada en silencio

Cuando era pequeña, mi madre solía decir entre otras cosas que “uno es dueño de lo que calla y preso de lo que dice”. En medio de mi rebeldía adolescente y mis inclinaciones de juventud a soltar la verdad irreverente, debo decir que no lo entendí entonces.

Hoy en particular, pensaba en todas las cosas que dije y debí callar... y en lo que callé y debí decir.


Pensaba en todas esas lanzas certeras que convirtieron mis buenas intenciones en campos de batalla y sufrimiento, por las que ahora callo ante la incapacidad de mis disculpas para borrar tus lágrimas, tu decepción y tus reclamos, y espero recuperar en silencio tu confianza para que creas de verdad que soy la buena chica que decía ser.

Recordaba una serie de despedidas suprimidas por exceso de dignidad. Esas palabras no dichas de manera directa y lapidaria en su momento (así los destinatari@s no las comprendieran, incluso ahora). Pensaba a la distancia “nada era tan complicado que no se pudiera solucionar con una buena dosis de ubicaína”, pero que oh! por esa tendencia a ser tan lady (que a veces se me escapa de las manos) no pude suministrar.

Retumbaba en mi cabeza la frase fulminante de una amiga cercana: “no seas caldo de cultivo”. Y se diluían ante mis ojos las imágenes de varias fotografías que tomé sola en varios lugares a una media hora de aquí. Aparecieron también los personajes: una conversa en aquella calle reconstruida luego de un ataque terrorista, un lente anónimo, una historia de blog (y bloggers) y un divo en auto de lujo.

Pensaba en el otro blog, en las épocas en las que me escudaba en una identidad anónima para gritarles, llorarlos, insultarlos y gruñirles todas aquellas cosas que por pura cobardía no pude decirles a la cara. Hoy sencillamente digo “bye”.

Recordaba un post que escribieron para mí con muy buenos deseos y una gran lección de vida, pero también la frase con la que lo agradecí hace un año atrás y que hoy se convierte en mi tortura (y me latiga con furia). Y sentencio “oh no! (auch) No debí escribirlo” Es que uno no sabe de que lado le toca jugar la próxima partida, y olvida que toda victoria trae una derrota (y viceversa).

Por el otro lado, quisiera haberte dicho más veces que cuentas conmigo (aunque creo que siempre lo demostré) Que se te acostumbraste a la mujer fuerte, que se que es eso lo que esperas de mi. Que siempre seré la que contesta el teléfono y estará dispuesta a escucharte por horas, para aconsejarte o para solidarizarse contigo y decir junto a ti que “todos son unos inútiles”. Decirte que te quiero, que se que te voy a extrañar y que no quiero que te vayas, pero que no me puedo derrumbar ante tus demandas.

Decirte a ti, otro tú, que tengo nostalgia, que quiero retroceder la historia y volver a jugar alrededor de esa piscina que ya no existe. Que quiero verte bien, como el galán de siempre. Que haré todo lo posible para cuidarte, protegerte y abrazarte, así como lo hiciste conmigo tiempo atrás. Porque ahora es mi turno de hacerlo.

Decirles a todos ustedes que como el tiempo me hizo entender que mi madre tenía razón, callé casi un mes y por eso hoy les digo sin decir (con el riesgo de que no hayan entendido ni una sola línea).

2 comentarios:

Rubiani dijo...

Esos son los efectos de correr 10 KM y pensar en la nada jajajaja.

Que profundo manita, pero bueno, ya ves, la madre tenía razon XD.

Me deja la curiosidad deducir exactamente a quien te refieres, pero prefiero dejarlo en duda.

Saludos desde COFIDELANDIA.

=)

analix dijo...

a veces callamos demasiadas cosas, a veces nos exponemos demasiado al hablar.

creo q es la ambigüedad de mostrar y no, de decir y no decir.
la idea sería que no importe lo que hayamos dicho o lo que cayemos porq siempre seríamos una misma, o al menos no tengamos tantos dobleces...

no calles ni grites, no te esfuerces tanto, verás q todo acerá por su peso

Más que mil palabras