viernes, noviembre 02, 2007

Escribiendo con las palabras de otros

Últimamente los post ajenos me están ayudando a decir algunas cosas que se están cruzando por mi mente, lo gracioso es que todo tiene que ver con temas románticos.

Pareciera que no pudiera decir ciertas cosas con mis propias palabras, o que mi subconsciente –tal vez más consciente de lo que quiero imaginar, no me lo permite. Primero fue Clotilde Pink y hoy es Renato Cisneros.

Me encontraba en medio de esta semana extremadamente corta, con solo tres días de labor porque mi jefe (tan considerado él) me dio el viernes libre; revisando los pendientes, tratando de cerrar todas las coordinaciones necesarias para arrancar con fuerza el próximo lunes.

Tuvimos un momento free y me puse a revisar los blogs de El Comercio, los únicos que puedo leer desde la oficina (junto a algunos de wordpress y espacioblog, de blogspot nada), y encontré el último post de Busco novia.

El post hablaba de una, no tan nueva, tipología romántica denominada El Club del Paréntesis:

Una comunidad imaginaria, una logia integrada por aquellos hombres y mujeres a los que les gusta vivir en un permanente estado de tránsito. Sus miembros no son partidarios de las instancias definitivas, mucho menos de los compromisos. A cambio, adoran la independencia y la autonomía. Son individualistas, egoístas, celosos de sus manías y costumbres. No son necesariamente solitarios, pero se resisten a confiscar su tiempo y regular su vida y su espacio en función de otra persona.

No desprecian el matrimonio, lo valoran, pero no como el escalafón mayor de esa dudosa pirámide que las sociedades conservadoras suelen consagrar, sino como un acto eventual, voluntario que, por lo general, cobra sentido luego de la convivencia. A pesar de que no lo descartan, ellos son mucho más proclives a la soltería, pues saben que con ella son dominadores absolutos de sus acciones y únicas víctimas de sus consecuencias.

Haciendo una auto–reflexión, no pude evitar reconocer en esa descripción una larga etapa de mi vida, para ser exacta entre Enero de 2001 y Diciembre de 2006.

Es posible que uno de los motivos argumentables sea “es que no te enamoraste de verdad”, a lo cual respondo que no. Me enganché muchísimo con dos relaciones de esa temporada, pero los susodichos también pertenecían al club entonces, así que nunca íbamos a cruzar el límite del “quieres estar conmigo?”. Dios nos crea, nosotros nos juntábamos. Tal vez mi membresía era lo suficientemente evidente, no estoy segura.

Así empecé mi última relación, mis expectativas no superaban el recrear el status quo de las anteriores; sin embargo, y para sorpresa de muchos –yo incluída, este chico si fue “mi novio”. Y ¡Oh, más sorpresa! No solo eso, también me enamoré.

Entonces, fue como si me hubiesen cambiado el chip de Claro a Movistar. De pronto, estaba dispuesta a negociaciones, cesiones, sacrificios y hasta aquella actitud cuya solo mención me causaba, en su momento, mareos reales: compromiso. Mi auto percepción empezaba a negar, porque todo estaba anclado para mí en el sentimiento, el siguiente párrafo:

Esta gente sabe perfectamente lo que quiere y tiene muy claro lo que estaría dispuesta a sacrificar y lo que no. Ellos no le hacen ascos a la idea de emparejarse, siempre y cuando eso no distorsione, ni muy mínimamente, su estilo de vida. Pero si el pacto amoroso exige demasiadas concesiones, la solución es simple: no hay pacto… El amor es solo una posibilidad y eso en el Club del Paréntesis es un principio que se sigue a rajatabla.

El detalle es que parece que el chip anterior se oxidó al estar mucho tiempo fuera del equipo.

Una vez terminada la relación intenté colocármelo, pero nuestras tecnologías ya no eran compatibles. No se podían efectuar las llamadas, claro que tampoco marqué demasiados números, no quería.

Estos tres meses, han resultado más que ilustrativos sobre mí misma para mí. Me expuse a más situaciones límite de las que estaba preparada para afrontar (siempre yo tan exigente –casi nazi – conmigo misma). Lo cierto es que si me quedaron muchas cosas claras.

Una de ellas, la más importante, es que no quiero renovar mi membresía en el dichoso club y aunque aún me resisto a admitirlo del todo, podría decirse (miren cómo aún utilizo la tercera persona) que de verdad me compré el combo de “pareja + amor” a solo un “¿quieres estar conmigo?”

¿Cómo cambian los tiempos, no?

3 comentarios:

girasolesyculebras dijo...

Nena, este es el mejor post que he leído en estos últimos tiempos. ¡Me fascinó!, es sincero y muy humano, felicito tu decisión, completamente convencida de que estando tan segura de lo que quieres, será mucho más sencillo encontrarlo. Un besote inmenso TE QUIERO MUCHO =)

Raulín Raulón... dijo...

Guau! Más de cinco años... en los que suele pasar de todo...

Creo estar seguro de no poder pertenecer a ese club. A estas alturas sería un miembro "peor es nada", sobretodo cuando sé que, a pesar de mi vida, no sería tan difícil emparejarse, como sí es enamorarse...

Buen post, continuaré en este blog, y también en el de Clotilde, su conexión no me quedó clara...ja!

Romy dijo...

Si Raúl, pasó de todo; pero ahora cargo algo de karma del pasado. Ya actualicé el enlace al post de Clotilde. Sorry, es que lo había linkeado en un post anterior. Gracias por la visita.

Más que mil palabras